Doctrina.
¿Que es la Sana Doctrina?
El Arrepentimiento
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El Arrepentimiento:
El primer mensaje del cielo, el llamado al cambio verdadero
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Introducción
El arrepentimiento es una de las doctrinas más fundamentales y olvidadas de la fe cristiana. No es una emoción pasajera ni un simple remordimiento, sino un cambio de mente, de corazón y de dirección. Es el primer paso hacia la reconciliación con Dios, el inicio del nuevo nacimiento. Desde los profetas, hasta Juan el Bautista, Jesús y los apóstoles, el arrepentimiento fue el mensaje clave. Hoy más que nunca, este mensaje debe ser restaurado y predicado con claridad.
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9.1 — ¿Qué es el arrepentimiento?
La palabra griega para arrepentimiento es metanoia, que significa literalmente “cambio de mente”. Es un giro de 180 grados, una decisión de abandonar el pecado y volverse a Dios.
“Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová…”
(Isaías 55:7)
El arrepentimiento no es solo llorar, ni sentir culpa. Judas sintió remordimiento, pero no se arrepintió de verdad. Pedro, en cambio, lloró amargamente, pero cambió y volvió a Cristo. Esa es la diferencia: el remordimiento produce muerte, el arrepentimiento genuino lleva a la vida.
“Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte.”
(2 Corintios 7:10)
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9.2 — El mensaje del arrepentimiento fue anunciado desde los profetas
Dios siempre llamó a su pueblo al arrepentimiento. No era un mensaje nuevo del Nuevo Testamento, sino una constante en la voz de los profetas:
“Convertíos a mí con todo vuestro corazón, con ayuno, lloro y lamento. Rasgad vuestro corazón, y no vuestros vestidos.”
(Joel 2:12–13)
“Diles: Vivo yo, dice Jehová el Señor, que no quiero la muerte del impío, sino que se vuelva el impío de su camino, y que viva.”
(Ezequiel 33:11)
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9.3 — Juan el Bautista preparó el camino con el mensaje del arrepentimiento
El Nuevo Testamento comienza con un profeta: Juan el Bautista, cumpliendo la palabra profética de Isaías:
“En aquellos días vino Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea, y diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.”
(Mateo 3:1–2)
Este mensaje era el inicio de la obra de Cristo, y sin arrepentimiento, el Reino no puede ser recibido.
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9.4 — Jesús predicó el mismo mensaje
Después de ser bautizado, Jesús comenzó su ministerio con el mismo llamado:
“Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.”
(Mateo 4:17)
Jesús enseñó que sin arrepentimiento no hay salvación:
“Si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente.”
(Lucas 13:3)
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9.5 — Los apóstoles continuaron el mismo mensaje
Después de la ascensión de Cristo, los apóstoles continuaron predicando el arrepentimiento como primer paso del evangelio. En Pentecostés, Pedro respondió a la multitud:
“Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados…”
(Hechos 2:38)
Pablo también predicó lo mismo:
“He anunciado… que se arrepintiesen y se convirtiesen a Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento.”
(Hechos 26:20)
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9.6 — Hoy sigue siendo urgente predicar el arrepentimiento
Lamentablemente, en muchos púlpitos modernos, el mensaje del arrepentimiento ha sido reemplazado por motivación, prosperidad o mensajes superficiales. Pero el verdadero evangelio comienza con un llamado claro y directo: arrepiéntete.
“Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan.”
(Hechos 17:30)
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Conclusión
El arrepentimiento no es una opción, es una orden divina. Es el primer paso hacia la salvación, el comienzo del nuevo nacimiento. No podemos predicar a Cristo sin predicar el arrepentimiento, porque sin él, no hay conversión ni transformación. Así como lo predicaron los profetas, Juan, Jesús y los apóstoles, también nosotros debemos predicarlo hoy.
El Bautismo en el Nombre de Jesús.
El bautismo en el Nombre de Jesús:
Una orden dada por Jesús, discernida y obedecida por los apóstoles
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El bautismo no es una invención humana ni una tradición de hombres. Es una ordenanza divina establecida por nuestro Señor Jesucristo y confirmada por sus apóstoles. En este capítulo, veremos que el bautismo en el Nombre de Jesús no fue una fórmula opcional, sino un mandato claro y específico para la iglesia del Nuevo Pacto.
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1.1 — Una orden dada por Jesús
Antes de ascender al cielo, Jesús comisionó a sus discípulos con estas palabras:
“Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.”
(Mateo 28:19)
Muchos han tomado esta frase como una fórmula literal, pero Jesús no dijo "los nombres", sino "el nombre", en singular. El texto no menciona una fórmula específica, sino una revelación: el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Los apóstoles entendieron que ese nombre es Jesús, porque en Él habita toda la plenitud de la Deidad (Colosenses 2:9).
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1.2 — Obedecido por los apóstoles
En ningún lugar del libro de los Hechos se registra que los apóstoles bautizaran repitiendo las palabras “en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”. Al contrario, todos los bautismos fueron realizados en el nombre de Jesucristo o en el nombre del Señor Jesús:
“Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.”
(Hechos 2:38)
“...habían sido bautizados solamente en el nombre de Jesús.”
(Hechos 8:16)
“Y mandó bautizarles en el nombre del Señor Jesús.”
(Hechos 10:48)
“...cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús.”
(Hechos 19:5)
Los apóstoles no desobedecieron a Jesús, sino que obedecieron exactamente como Él les enseñó, porque conocían el nombre que representa al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo: Jesús.
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1.3 — El poder del nombre de Jesús
El nombre de Jesús no es un nombre común. Es el nombre sobre todo nombre (Filipenses 2:9), es el único nombre bajo el cielo dado a los hombres en que podamos ser salvos (Hechos 4:12). Por eso, todo lo que hagamos, incluso el bautismo, debe hacerse en Su nombre:
“Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús...”
(Colosenses 3:17)
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Conclusión
El bautismo en el nombre de Jesús no es una opción más entre muchas. Es la práctica apostólica, la revelación del nombre de Dios para la salvación y la obediencia directa a la enseñanza de Cristo. Quien ha recibido la revelación del Espíritu Santo, no buscará una fórmula humana, sino que obedecerá a Dios como lo hicieron los primeros discípulos.
Conociendo Como es DIOS
Conociendo cómo es Dios:
Dios es Espíritu, uno y verdadero; la trinidad no tiene fundamento bíblico
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Introducción
La revelación de Dios en la Biblia no deja lugar a confusiones: Dios es uno. Conocer cómo es Dios es fundamental para entender su obra, su plan y su salvación. A lo largo de las Escrituras, se nos muestra que Dios es Espíritu, invisible, eterno y todopoderoso, que se ha manifestado a la humanidad de distintas maneras, pero nunca como tres personas divinas separadas, como enseña la doctrina de la trinidad, la cual no tiene fundamento en la Palabra de Dios.
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8.1 — Dios es Espíritu
Jesús mismo nos reveló la naturaleza esencial de Dios:
“Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.”
(Juan 4:24)
Dios no es una figura física, ni un ser limitado por el tiempo o el espacio. Él es Espíritu eterno, invisible, inmortal y glorioso.
“Al Rey eterno, inmortal, invisible, al único y sabio Dios, sea honor y gloria por los siglos de los siglos.”
(1 Timoteo 1:17)
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8.2 — ¿Quién es Dios según la Biblia?
Dios es el Creador de todas las cosas:
“En el principio creó Dios los cielos y la tierra.”
(Génesis 1:1)
“Porque así dijo Jehová, que creó los cielos; Él es Dios, el que formó la tierra, el que la hizo y la compuso; no la creó en vano, para que fuese habitada la creó. Yo soy Jehová, y no hay otro.”
(Isaías 45:18)
Dios no cambia. No es tres, no se divide, ni necesita ayuda. Él es uno solo:
“Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es.”
(Deuteronomio 6:4)
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8.3 — Un solo Dios, que se ha manifestado de muchas maneras
La Biblia enseña que el Dios único y verdadero se manifestó de diferentes formas para cumplir su plan de salvación:
a) Como Padre en la creación del mundo
Dios creó todas las cosas por su palabra y voluntad. Él es el Padre de toda la creación.
“¿No tenemos todos un mismo Padre? ¿No nos ha creado un mismo Dios?”
(Malaquías 2:10)
b) Como Hijo en la redención del mundo
Dios mismo se manifestó en carne para redimirnos.
“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros...”
(Juan 1:14)
“Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo…”
(2 Corintios 5:19)
“Indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne…”
(1 Timoteo 3:16)
c) Como Espíritu Santo en la regeneración de los redimidos
El mismo Dios ahora habita en los creyentes por medio del Espíritu Santo.
“Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador… el Espíritu de verdad… estará con vosotros, y estará en vosotros.”
(Juan 14:16–17)
“Cristo en vosotros, la esperanza de gloria.”
(Colosenses 1:27)
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8.4 — Esto es unicidad, no trinidad
La Biblia nunca habla de “tres personas divinas”. Nunca llama a Dios una “trinidad”. Esa palabra no aparece en toda la Escritura. Fue una doctrina desarrollada siglos después por el pensamiento griego y romano, no por los apóstoles.
Jesús no es una persona diferente del Padre, Él es el Padre manifestado en carne:
“El que me ha visto a mí, ha visto al Padre…”
(Juan 14:9)
“Yo y el Padre uno somos.”
(Juan 10:30)
“Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad.”
(Colosenses 2:9)
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Conclusión
Dios es uno, eterno, invisible, y Espíritu. Se manifestó como Padre, como Hijo, y como Espíritu Santo, pero no es tres, sino el mismo Dios en diferentes manifestaciones, cumpliendo su propósito eterno. La doctrina de la trinidad no tiene base bíblica, mientras que la unicidad de Dios está claramente revelada desde el principio hasta el fin. Conocer al Dios verdadero es vida eterna (Juan 17:3), y Su nombre glorioso es Jesús, el nombre sobre todo nombre.
El Llamado de Dios al Pastoreado
El llamado de Dios al pastorado
Un llamado de Dios para los hombres — en la gracia no se establecieron pastoras ni apóstolas
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El liderazgo espiritual en la iglesia es una función ordenada por Dios, no determinada por cultura, preferencias o movimientos modernos. Desde el Antiguo Testamento hasta la iglesia del Nuevo Pacto, Dios ha llamado a hombres para ocupar el rol pastoral y apostólico. Aunque tanto hombres como mujeres son igualmente valiosos ante Dios, las funciones ministeriales están claramente establecidas en la Palabra conforme al orden divino.
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5.1 — Dios llama a hombres para pastorear
Dios es quien establece los ministerios en Su iglesia:
“Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros.”
(Efesios 4:11)
Aunque aquí no se especifica el género, el contexto bíblico y los ejemplos en todo el Nuevo Testamento muestran que estos ministerios fueron ejercidos por hombres. La elección de líderes siempre estuvo sujeta al diseño divino, no a decisiones humanas.
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5.2 — El requisito para obispos y pastores
Pablo, al instruir a Timoteo sobre cómo elegir a los líderes de la iglesia, fue claro:
> “Palabra fiel: Si alguno anhela obispado, buena obra desea. Pero es necesario que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer…”
(1 Timoteo 3:1–2)
También en Tito:
“Por esta causa te dejé en Creta… establecieses ancianos… el que fuere irreprensible, marido de una sola mujer, que tenga hijos creyentes…”
(Tito 1:5–6)
Aquí se describe a los pastores/obispos como hombres casados con una mujer, lo cual excluye que mujeres ejerzan este oficio.
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5.3 — El silencio de las mujeres en la congregación
Pablo, bajo la autoridad del Espíritu Santo, enseñó también:
“La mujer aprenda en silencio, con toda sujeción. Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio.”
(1 Timoteo 2:11–12)
“Vuestras mujeres callen en las congregaciones; porque no les es permitido hablar, sino que estén sujetas, como también la ley lo dice.”
(1 Corintios 14:34)
Esto no significa que la mujer no tenga un lugar en la iglesia. Dios usa a las mujeres para orar, profetizar, enseñar a otras mujeres y servir, pero el liderazgo doctrinal y pastoral fue dado a los hombres conforme al diseño bíblico.
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5.4 — No hay registro de pastoras ni apóstolas en la iglesia apostólica
En el libro de los Hechos y en todas las cartas apostólicas, no hay una sola mujer que haya sido llamada apóstol o pastora. Todos los apóstoles fueron varones escogidos por Cristo (Lucas 6:13). Incluso cuando hubo mujeres fieles, valientes y colaboradoras, ninguna fue nombrada como líder espiritual de una iglesia.
Os recomiendo además nuestra hermana Febe, la cual es diaconisa de la iglesia…
(Romanos 16:1)
Febe fue una sierva, una mujer de testimonio, pero no una pastora o apóstol.
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5.5 — La igualdad no elimina el orden de Dios
En Cristo, hombre y mujer tienen el mismo valor ante Dios:
“Ya no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.”
(Gálatas 3:28)
Pero esto no significa que tengan las mismas funciones ministeriales. Así como en el hogar el esposo es cabeza, y la esposa se sujeta (Efesios 5:23), en la iglesia también hay un orden espiritual establecido por Dios, no por el hombre.
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Conclusión
El pastorado es un ministerio dado por Dios a los hombres llamados y capacitados por el Espíritu Santo. La Escritura no aprueba pastoras ni apóstolas en la iglesia de la gracia. Esto no es discriminación, sino obediencia al diseño divino. Honrar la sana doctrina es respetar el orden establecido por el Señor, sabiendo que cada miembro del cuerpo de Cristo tiene su lugar, su valor y su función para la gloria de Dios.
La Oracion de Rodillas
La oración de rodillas:
Un acto de reverencia ordenado desde el Antiguo Testamento y practicado por la iglesia
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La oración es el canal de comunicación entre el hombre y Dios. Aunque podemos orar en cualquier lugar y en cualquier momento, la Biblia nos enseña que orar de rodillas es una postura de humillación, reverencia y entrega total al Señor. Este acto no es meramente una forma externa, sino una manifestación de un corazón quebrantado ante Dios.
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2.1 — Una práctica desde el Antiguo Testamento
Desde tiempos antiguos, los siervos de Dios se postraban y se arrodillaban para clamar al Altísimo. Este gesto era una señal de sumisión, de adoración, y de reconocimiento de la soberanía divina.
“Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová nuestro Hacedor.”
(Salmo 95:6)
“Y aconteció que cuando Salomón acabó de orar, se levantó de estar de rodillas delante del altar de Jehová, con sus manos extendidas al cielo.”
(1 Reyes 8:54)
Los profetas, los reyes piadosos y el pueblo de Dios sabían que doblar las rodillas era rendirse ante su Creador.
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2.2 — Jesús oró de rodillas
Nuestro mayor ejemplo es Cristo. Aunque era el Hijo de Dios, se humilló y oró de rodillas en momentos clave de su ministerio. Si el Maestro se postró, ¿cuánto más nosotros, que somos sus discípulos?
“Y él se apartó de ellos a distancia como de un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró.”
(Lucas 22:41)
En Getsemaní, en el momento de mayor angustia, Jesús se arrodilló para hablar con el Padre. Su ejemplo nos habla de rendición total, aun cuando el alma está afligida.
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2.3 — Los apóstoles oraban de rodillas
La iglesia naciente, guiada por el Espíritu Santo, siguió esta práctica. Los apóstoles no la consideraron innecesaria o anticuada, sino un acto legítimo de devoción.
“Y puesto de rodillas, oró con todos ellos.”
(Hechos 20:36)
“Y puestos todos de rodillas en la playa, oramos.”
(Hechos 21:5)
El apóstol Pablo también escribió:
“Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo.”
(Efesios 3:14)
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2.4 — Todos doblarán rodilla ante Cristo
No solo ahora, sino en el futuro, toda rodilla se doblará ante el Señor Jesús, porque Él es digno de toda honra y autoridad:
“Para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra.”
(Filipenses 2:10)
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Conclusión
Orar de rodillas no es una tradición vacía, sino una práctica bíblica y espiritual que refleja un corazón rendido. En un mundo donde muchos ya no quieren humillarse, el verdadero creyente dobla sus rodillas como lo hicieron los santos del pasado, siguiendo el ejemplo de Cristo y de la iglesia primitiva.
El Cubrimiento en la Mujer
El cubrimiento:
Una enseñanza del Señor Jesucristo dada a través del apóstol Pablo para su Iglesia
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El cubrimiento en la oración y la profecía es una doctrina poco enseñada hoy en día, pero firmemente establecida en las Escrituras. Es una instrucción directa del Señor, revelada a la Iglesia por medio del apóstol Pablo. Esta enseñanza no tiene raíz en la cultura ni en la tradición humana, sino en el orden espiritual de Dios para la Iglesia.
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3.1 — Una instrucción para la Iglesia del Señor
El apóstol Pablo, escribiendo por inspiración del Espíritu Santo, dijo:
“Os alabo, hermanos, porque en todo os acordáis de mí, y retenéis las instrucciones tal como os las entregué.”
(1 Corintios 11:2)
A continuación, Pablo establece el principio del cubrimiento como una instrucción doctrinal y no como una costumbre social.
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3.2 — El orden divino establecido por Dios
> “Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo.”
(1 Corintios 11:3)
Aquí se muestra un orden espiritual que debe reflejarse también de manera visible en los momentos de oración y adoración. Este principio no tiene que ver con superioridad, sino con función y sujeción.
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3.3 — El cubrimiento de la mujer
“Toda mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta, afrenta su cabeza; porque lo mismo es que si se hubiese rapado.”
(1 Corintios 11:5)
Pablo enseña que la mujer que ora o profetiza debe hacerlo con su cabeza cubierta, no por costumbre humana, sino como símbolo de autoridad y honra espiritual.
“Por lo cual la mujer debe tener señal de autoridad sobre su cabeza, por causa de los ángeles.”
(1 Corintios 11:10)
Este pasaje indica que el cubrimiento tiene repercusiones en el mundo espiritual. Los ángeles observan el orden de Dios en su Iglesia.
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3.4 — El hombre no debe cubrirse
“El hombre no debe cubrirse la cabeza, pues él es imagen y gloria de Dios; pero la mujer es gloria del varón.”
(1 Corintios 11:7)
Al orar o profetizar, el varón debe descubrir su cabeza, en señal de su posición bajo la autoridad de Cristo.
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3.5 — ¿Es esto una costumbre cultural?
Algunos argumentan que el cubrimiento era una práctica local de Corinto, pero Pablo aclara:
“Con todo eso, si alguno quiere ser contencioso, nosotros no tenemos tal costumbre, ni las iglesias de Dios.”
(1 Corintios 11:16)
Pablo no está negando la enseñanza, sino afirmando que no hay costumbre de debatir o rechazar lo que es doctrina del Señor. Esta práctica era reconocida por todas las iglesias de Dios, no solo en Corinto.
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Conclusión
El cubrimiento es una enseñanza espiritual que honra el orden divino establecido por Dios en la iglesia. No es una tradición de hombres, ni una carga religiosa, sino un acto de obediencia y sujeción a la autoridad del Señor. Así como Jesús se sujetó al Padre, y el varón se sujeta a Cristo, la mujer que ora cubierta honra a Dios y a su casa espiritual.
La Ofrenda y NO el Diezmo
La ofrenda y no el diezmo en la gracia:
Porque en la gracia no hay límite; la ley era sombra, la gracia es plenitud
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La práctica de dar a Dios es tan antigua como la humanidad. Desde Abel y Abraham, los hombres han ofrecido lo mejor al Señor. En el Antiguo Testamento, Dios estableció el diezmo como parte de la ley para el pueblo de Israel. Sin embargo, en el Nuevo Pacto, bajo la gracia de Cristo, el principio de dar no está limitado por porcentajes, sino que se basa en el amor, la fe y la libertad del creyente.
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4.1 — El diezmo en la ley: limitado y terrenal
El diezmo fue parte de la ley entregada por medio de Moisés, y su propósito era sostener el sacerdocio levítico y el funcionamiento del templo.
“Y he aquí, yo he dado a los hijos de Leví todos los diezmos en Israel por heredad, por su ministerio…”
(Números 18:21)
El diezmo era el 10% de todos los frutos, animales y bienes que el pueblo de Israel debía entregar.
“Honra a Jehová con tus bienes, y con las primicias de todos tus frutos.”
(Proverbios 3:9)
Pero era una orden ligada a la ley mosaica y al templo terrenal.
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4.2 — La gracia trae una nueva manera de dar
Con la muerte y resurrección de Cristo, comenzó un nuevo pacto:
“Porque la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.”
(Juan 1:17)
En este nuevo pacto, no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia (Romanos 6:14). El diezmo ya no es presentado como un mandato para la iglesia, porque no somos una nación terrenal con un sacerdocio levítico, sino un pueblo celestial con un sumo sacerdote eterno: Jesucristo.
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4.3 — La ofrenda en la gracia: generosa, voluntaria e ilimitada
El apóstol Pablo enseñó claramente cómo debe ser la ofrenda bajo el nuevo pacto:
“Cada uno dé como propuso en su corazón; no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre.”
(2 Corintios 9:7)
Aquí no hay porcentajes, ni imposiciones. La motivación no es la ley, sino el amor. La medida no es un diezmo, sino lo que hay en el corazón. Además, se nos enseña que la generosidad en la gracia tiene promesas eternas:
“El que siembra generosamente, generosamente también segará.”
(2 Corintios 9:6)
“No se hagan tesoros en la tierra… sino haceos tesoros en el cielo.”
(Mateo 6:19–20)
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4.4 — El ejemplo de la iglesia primitiva
La iglesia del primer siglo no fue enseñada a diezmar, sino a compartir voluntariamente con generosidad:
“Y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno.”
(Hechos 2:45)
“Cada primer día de la semana, cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado…”
(1 Corintios 16:2)
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Conclusión
El diezmo era parte de la ley, con promesas terrenales. Pero en la gracia, somos llamados a ofrendar con libertad, por amor y con generosidad. La ofrenda no está limitada, porque en Cristo no hay límites para el amor ni para la entrega. Damos porque hemos recibido gracia sobre gracia, y nuestra recompensa no es terrenal, sino eterna en los cielos.
La Llenura del Espiritu Santo
La llenura del Espíritu Santo y el hablar en lenguas
El sello de Dios para los que son herederos del Reino
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Una de las experiencias más gloriosas y transformadoras en la vida del creyente es la llenura del Espíritu Santo. Esta promesa no es un lujo espiritual, ni una experiencia opcional, sino un sello necesario para todos aquellos que han creído en el evangelio de Jesucristo. Esta llenura viene acompañada, como se muestra en la Escritura, por el hablar en otras lenguas como manifestación sobrenatural de la presencia de Dios en el creyente.
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13.1 — La promesa del Padre
Jesús, antes de ascender al cielo, dio una instrucción clara:
“Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos...”
(Hechos 1:8)
Y les mandó que no se fueran de Jerusalén:
“...sino que esperasen la promesa del Padre...”
(Hechos 1:4)
Esta promesa se cumplió en el día de Pentecostés, cuando fueron todos llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas:
“Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.”
(Hechos 2:4)
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13.2 — El hablar en lenguas como evidencia inicial
En el libro de los Hechos, siempre que alguien era lleno del Espíritu Santo, la manifestación visible y audible era el hablar en lenguas:
Hechos 2:4: Los 120 en el Aposento Alto.
Hechos 10:44-46: Cornelio y los gentiles en su casa.
Hechos 19:6: Los discípulos en Éfeso.
“Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban.”
(Hechos 19:6)
Estas experiencias confirman que hablar en lenguas es la señal externa de una experiencia interna, que no es aprendida ni emocional, sino dada sobrenaturalmente por el Espíritu.
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13.3 — El sello del Espíritu para el creyente
“En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa.”
(Efesios 1:13)
Este sello es la garantía de nuestra herencia en los cielos. No es una emoción ni una membresía religiosa, sino una marca espiritual que confirma que somos hijos de Dios y herederos con Cristo.
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13.4 — ¿Es para todos hoy?
Sí. Pedro lo dijo claramente en Pentecostés:
“Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.”
(Hechos 2:39)
La promesa del Espíritu Santo no terminó con los apóstoles. Es vigente para todos los creyentes hasta que Cristo regrese.
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13.5 — Un poder para vivir en santidad y servir
La llenura del Espíritu no es solo para hablar en lenguas, sino para vivir en el poder de Dios, resistir el pecado, vencer al mundo y testificar de Cristo con autoridad celestial:
“No por fuerza, ni con ejército, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos.”
(Zacarías 4:6)
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Conclusión
El Espíritu Santo no es una doctrina, es una persona. Y el hablar en lenguas no es un acto de emoción, sino el sello divino para los hijos del Reino. El que es lleno del Espíritu recibe poder, fuego, dirección y confirmación de que ha sido hecho participante de la herencia celestial.
Hoy más que nunca, se necesita una Iglesia llena del Espíritu y marcada por la evidencia sobrenatural del Reino de Dios. No te conformes con menos: busca, anhela y recibe esta promesa del Padre.
El Divorcio y el Recasamiento
El divorcio y el recasamiento: una práctica fuera de las Escrituras
En la actualidad, el divorcio y el recasamiento se han normalizado incluso dentro de muchas congregaciones cristianas. Sin embargo, la Biblia presenta un estándar claro y elevado en cuanto al matrimonio, que no cambia con la cultura ni con las opiniones humanas. Jesús mismo abordó este tema con claridad, enseñando que el plan original de Dios es que el matrimonio sea un pacto de por vida entre un hombre y una mujer.
En Mateo 19:3-6 leemos:
“¿Es lícito al hombre repudiar a su mujer por cualquier causa? Él, respondiendo, les dijo: ¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo, y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne? Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre.”
Jesús remite al diseño original en Génesis 2:24, dejando claro que el matrimonio es indisoluble bajo el propósito divino. Aunque en Deuteronomio 24:1-4 Moisés permitió dar carta de divorcio, Jesús explica en Mateo 19:8 que esto fue “por la dureza de vuestro corazón; mas al principio no fue así”.
En cuanto al recasamiento, Marcos 10:11-12 es contundente:
“Cualquiera que repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra ella; y si la mujer repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio.”
El apóstol Pablo confirma esta verdad en 1 Corintios 7:10-11:
“Pero a los que están unidos en matrimonio, mando, no yo, sino el Señor: Que la mujer no se separe del marido; y si se separa, quédese sin casar, o reconcíliese con su marido; y que el marido no abandone a su mujer.”
Esto significa que el recasamiento mientras el cónyuge original vive, es considerado adulterio por la Palabra de Dios, sin importar la aceptación cultural o denominacional.
Conclusión
El divorcio y el recasamiento, son prácticas contrarias al diseño divino. Jesús no flexibilizó el estándar del matrimonio, sino que lo reafirmó como pacto sagrado e inviolable. La iglesia debe sostener este principio, enseñando la reconciliación y la fidelidad como caminos de obediencia. Tal como dice Hebreos 13:4:
“Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios.”
La Idolatría
La idolatría
Un pecado abominable que nos aparta del Dios verdadero
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Desde el principio, Dios ha sido claro en cuanto a la idolatría: Él no comparte su gloria con nadie ni con nada. La idolatría es uno de los pecados más severamente condenados en toda la Escritura. No solo consiste en adorar imágenes o estatuas, sino también en poner cualquier cosa o persona en el lugar que solo le pertenece a Dios.
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15.1 — Dios lo prohíbe desde el principio
En los Diez Mandamientos, el Señor dijo:
> “No tendrás dioses ajenos delante de mí.
No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra.
No te inclinarás a ellas, ni las honrarás...”
(Éxodo 20:3-5)
Dios no solo prohíbe hacer imágenes, sino también inclinarnos ante ellas o rendirles honor. Esto incluye estatuas, figuras religiosas, objetos o personas que se exaltan como si fueran divinos.
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15.2 — La idolatría en el Antiguo Testamento
El pueblo de Israel cayó muchas veces en la idolatría, provocando la ira de Dios. Por ejemplo, cuando adoraron el becerro de oro:
> “Pronto se apartaron del camino que yo les mandé; se hicieron un becerro de fundición, y lo adoraron...”
(Éxodo 32:8)
Esto trajo consecuencias terribles: muerte, juicio y separación de la presencia de Dios. La idolatría no es algo pequeño ante los ojos de Dios.
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15.3 — La idolatría en el Nuevo Testamento
Muchos creen que en la gracia ya no existe la idolatría, pero el apóstol Juan advirtió:
Hijitos, guardaos de los ídolos.
(1 Juan 5:21)
Y el apóstol Pablo declaró claramente:
¿Qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos?... Por lo cual, salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo...
(2 Corintios 6:16-17)
La idolatría sigue siendo pecado, aunque se disfrace de religiosidad.
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15.4 — No solo imágenes: el corazón también puede ser idólatra
Porque raíz de todos los males es el amor al dinero...
(1 Timoteo 6:10)
Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros... avaricia, que es idolatría.
(Colosenses 3:5)
La idolatría no solo se manifiesta en imágenes; también en el amor desordenado a lo material, a las personas, a uno mismo, o al poder. Cualquier cosa que ocupe el lugar de Dios en nuestro corazón se convierte en un ídolo.
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15.5 — El fin de los idólatras
La Escritura no deja lugar a dudas:
Los idólatras... tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.
(Apocalipsis 21:8)
Ni los idólatras heredarán el Reino de Dios.
(1 Corintios 6:9-10)
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Conclusión
Dios es Espíritu, y busca adoradores en espíritu y en verdad. La idolatría no solo ofende su santidad, sino que nos separa de Él. Hoy más que nunca debemos volver al verdadero culto, al Dios vivo y verdadero, dejando todo lo que compita con su gloria.
Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.
(Juan 8:32)
No Comerás Sangre
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No comeras La sangre:
Dios la escogió para santificar, y desde el principio prohibió comerla
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Introducción
La sangre no es algo común a los ojos de Dios. Desde el principio, Él la apartó con un propósito sagrado: dar vida y santificar. En toda la Escritura, la sangre representa vida, expiación y pacto. Es por eso que Dios prohibió al hombre comer sangre, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Esta enseñanza es parte de la sana doctrina que la iglesia no debe ignorar ni relativizar.
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6.1 — La vida está en la sangre
Dios dejó claro el significado de la sangre desde los primeros libros de la Biblia:
“Porque la vida de la carne en la sangre está, y yo os la he dado para hacer expiación sobre el altar por vuestras almas; y la misma sangre hará expiación de la persona.”
(Levítico 17:11)
La sangre es vida. Por eso, no debe tratarse con ligereza. En el sistema levítico, toda expiación por el pecado requería derramamiento de sangre. Era símbolo de limpieza y reconciliación.
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6.2 — Prohibición desde los días de Noé
Incluso antes de la ley de Moisés, Dios ya había establecido la prohibición de comer sangre. A Noé y sus descendientes les dijo:
“Pero carne con su vida, que es su sangre, no comeréis.”
(Génesis 9:4)
Esto muestra que no fue una orden exclusivamente para Israel, sino para toda la humanidad.
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6.3 — La ley reafirma la prohibición
Dios repitió el mandato claramente al pueblo de Israel:
“Ninguna alma de vosotros comerá sangre, ni el extranjero que mora entre vosotros comerá sangre.”
(Levítico 17:12)
“No comerás de ella [la sangre], derramarás sobre la tierra como agua.”
(Deuteronomio 12:16)
La obediencia a esta orden era una señal de respeto por la vida y por el pacto de santidad con Dios.
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6.4 — La iglesia en la gracia también fue instruida
Algunos argumentan que estas prohibiciones eran solo para los judíos. Sin embargo, el Concilio de Jerusalén, donde se resolvió qué mandamientos seguirían los creyentes gentiles, confirmó esta misma instrucción:
“Que se abstengan de cosas sacrificadas a ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación…”
(Hechos 15:20)
“Porque ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros, no imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias: que os abstengáis de lo sacrificado a los ídolos, de sangre…”
(Hechos 15:28–29)
Esto fue una instrucción apostólica para los cristianos nacidos de nuevo bajo la gracia, no bajo la ley.
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6.5 — La sangre de Cristo nos santifica
La sangre tiene valor eterno en el plan de salvación. Fue por medio de la sangre de Jesús que fuimos santificados:
“Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión.”
(Hebreos 9:22)
“Cuánto más la sangre de Cristo… limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo.”
(Hebreos 9:14)
“La sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.”
(1 Juan 1:7)
¿Cómo, pues, tomaríamos livianamente la sangre de los animales, cuando Dios ha santificado la sangre como símbolo de vida y redención?
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Conclusión
Desde el Génesis hasta el Apocalipsis, la sangre ha sido un elemento santo y separado para los propósitos de Dios. Él mismo prohíbe al hombre consumirla, porque representa la vida, y porque es un símbolo profundo del sacrificio de Cristo. La iglesia que permanece en la sana doctrina, honra la sangre —la que salvó, santificó y redimió—, y también obedece el mandato de no consumirla, porque Dios no cambia, ni su Palabra pasa.
El Verdadero reposo
El verdadero reposo:
En el nuevo pacto, Dios no estableció el sábado como día de reposo, porque el reposo es Cristo
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Una de las señales más importantes del antiguo pacto fue el día de reposo (sábado), el cual Dios estableció como un pacto entre Él y el pueblo de Israel. Sin embargo, en el nuevo pacto, basado en el fundamento de los apóstoles y profetas, Cristo es el verdadero reposo. La gracia no nos llama a guardar un día, sino a entrar en el descanso espiritual por medio de la fe en Jesús.
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7.1 — El sábado era una sombra del reposo venidero
Dios dio el sábado a Israel como señal del pacto mosaico:
“Entre mí y los hijos de Israel será una señal para siempre; porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, y en el séptimo día cesó y reposó.”
(Éxodo 31:17)
Pero este día era una sombra profética, no el cumplimiento:
“Todo esto es sombra de lo que ha de venir; pero el cuerpo es de Cristo.”
(Colosenses 2:17)
Así como el sacrificio de corderos apuntaba a Cristo como el Cordero de Dios, el sábado apuntaba al verdadero reposo espiritual que solo Cristo podía dar.
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7.2 — Jesús es el Señor del sábado
Cristo mismo enseñó que Él tenía autoridad sobre el sábado:
“El Hijo del Hombre es Señor del día de reposo.”
(Mateo 12:8)
Esto significa que el reposo ya no se encuentra en un día, sino en una persona: Jesús. No es el séptimo día el que nos da descanso, sino el Salvador.
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7.3 — En Cristo hallamos el verdadero reposo
Jesús hizo esta poderosa invitación:
“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar… hallaréis descanso para vuestras almas.”
(Mateo 11:28–29)
Este descanso es espiritual, eterno y completo. Ya no es un reposo físico semanal, sino una vida nueva en paz con Dios.
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7.4 — El nuevo pacto no ordena guardar el sábado
En todo el Nuevo Testamento, especialmente en los escritos apostólicos, no se ordena a la iglesia guardar el sábado. De hecho, se enseña lo contrario:
“Uno hace diferencia entre día y día; otro juzga iguales todos los días. Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente.”
(Romanos 14:5)
> “Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo.”
(Colosenses 2:16)
Guardar el sábado como obligación no es parte del evangelio de la gracia. El que está en Cristo ha entrado en el verdadero reposo.
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7.5 — Entramos en el reposo por la fe
El libro de Hebreos confirma esta verdad con claridad:
“Porque los que hemos creído entramos en el reposo…”
(Hebreos 4:3)
“Queda un reposo para el pueblo de Dios. Porque el que ha entrado en su reposo, también ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas.”
(Hebreos 4:9–10)
El reposo no es un día, sino un estado espiritual en el cual ya no dependemos de nuestras obras para justificarnos, sino que descansamos en la obra perfecta de Cristo.
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Conclusión
Dios no estableció el sábado como día de reposo para la iglesia nacida del Espíritu. En el nuevo pacto, Cristo es nuestro reposo. Ya no esperamos un día a la semana para encontrar paz, sino que vivimos en el reposo continuo de la fe, el perdón y la gracia. Honrar esta verdad es reconocer que la obra está consumada, y que en Cristo tenemos plena comunión y descanso para nuestras almas.
La Santa Cena
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La Santa Cena:
Una ordenanza solemne para recordar el sacrificio de Cristo
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Introducción
La Santa Cena es una de las ordenanzas más sagradas que el Señor Jesucristo dejó a su Iglesia. No es un ritual vacío ni una tradición humana, sino una celebración espiritual que nos recuerda su muerte, su sacrificio y su promesa de regreso. Es un acto de comunión, memoria, y también de compromiso con la santidad del cuerpo de Cristo.
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10.1 — Instituida por el mismo Señor Jesús
La Santa Cena fue instituida por Jesucristo la noche antes de ser entregado. En medio de la Pascua, el Señor dio un nuevo significado al pan y al vino:
“Y tomó el pan, y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí.
Asimismo, tomó la copa después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama.”
(Lucas 22:19–20)
El Señor no solo compartió pan y vino, sino que entregó una orden: "haced esto en memoria de mí". Es un mandato, no una sugerencia.
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10.2 — Un recordatorio del sacrificio y del nuevo pacto
Cada vez que participamos de la Santa Cena, recordamos la muerte del Señor, su cuerpo molido por nosotros y su sangre derramada para establecer un nuevo pacto.
“Así, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga.”
(1 Corintios 11:26)
Esto nos conecta no solo con el pasado (su sacrificio), sino también con el presente y su (futuro) regreso glorioso.
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10.3 — Un acto de comunión con el cuerpo de Cristo
Pablo enseñó que este acto también representa nuestra unidad como iglesia:
“El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo?
Siendo uno solo el pan, nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan.”
1 Corintios 10:16–17
La Santa Cena es para los creyentes bautizados nacidos de nuevo, los que han sido lavados por la sangre de Cristo y andan en comunión con su cuerpo en santidad.
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10.4 — Debe celebrarse con reverencia y autoexamen
Participar de la Santa Cena no es un acto ligero. Pablo advirtió claramente que debe tomarse con discernimiento y reverencia:
“De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor.
Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa.”
(1 Corintios 11:27–28)
Participar indignamente trae juicio. Por eso, antes de tomarla, cada creyente debe examinar su vida, confesar sus pecados, y estar en paz con Dios y con los hermanos.
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10.6 — ¿Con qué frecuencia debe celebrarse?
La Biblia no establece una fecha específica. Dice:
“Todas las veces que comiereis este pan y bebiereis esta copa...”
(1 Corintios 11:26)
Lo importante no es la cantidad de veces, sino que se haga con reverencia, con fe, y en obediencia al mandato del Señor.
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Conclusión
La Santa Cena es un acto profundo de memoria, unidad y comunión con Cristo y su Iglesia. Cada vez que lo hacemos, anunciamos su sacrificio y renovamos nuestro compromiso con Él. No es una ceremonia vacía, sino una ordenanza viva, para recordar que su cuerpo fue partido y su sangre fue derramada por amor a nosotros.
La Celebración de Cumpleaños
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La celebración de cumpleaños:
Una práctica ausente en la Iglesia del Señor, con raíces en el paganismo
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En el mundo moderno, la celebración de cumpleaños se considera una costumbre normal e inofensiva. Sin embargo, cuando examinamos las Escrituras con seriedad y discernimiento espiritual, notamos que la práctica de celebrar cumpleaños no tiene fundamento bíblico en el contexto del pueblo de Dios. Por el contrario, las pocas veces que se menciona están ligadas a culturas paganas y hechos negativos.
Este capítulo tiene como objetivo llevar al lector a una reflexión profunda, no desde la condena, sino desde el deseo de vivir conforme a la voluntad revelada por Dios en su Palabra.
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11.1 — Las únicas celebraciones de cumpleaños en la Biblia
En toda la Biblia, solo se mencionan dos celebraciones de cumpleaños. Ambas ocurren fuera del contexto del pueblo de Dios, y están asociadas a personajes paganos y hechos de muerte o injusticia:
1. El cumpleaños del faraón de Egipto:
“Y aconteció al tercer día, que era el cumpleaños de Faraón, que él hizo banquete a todos sus siervos; y alzó la cabeza del jefe de los coperos y la cabeza del jefe de los panaderos entre sus servidores.”
(Génesis 40:20)
— Esta celebración culminó con la ejecución del panadero.
2. El cumpleaños de Herodes:
“Pero cuando se celebraba el cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó en medio, y agradó a Herodes… él mandó degollar a Juan en la cárcel.”
(Mateo 14:6–10)
— Como resultado de esta celebración, fue decapitado Juan el Bautista, el profeta del Señor.
En ambas ocasiones, los cumpleaños se celebran con banquetes, placeres y actos injustos, lejos de la santidad de Dios. En ninguna parte de la Biblia se muestra al pueblo de Dios o a la Iglesia primitiva celebrando cumpleaños.
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11.2 — Las raíces paganas de la celebración
Históricamente, la celebración de cumpleaños tiene raíces en el paganismo. Los antiguos egipcios, griegos y romanos creían que el día del nacimiento de una persona estaba vinculado con espíritus protectores o deidades. Encendían velas, ofrecían sacrificios y hacían rituales para “proteger” al homenajeado.
Estas costumbres fueron luego absorbidas por el mundo occidental, alejándose del temor a Dios y promoviendo la exaltación del hombre. En vez de glorificar a Dios por la vida, se glorifica al ser humano, su ego y su imagen.
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11.3 — El enfoque bíblico sobre la vida
La Escritura enseña a agradecer a Dios por cada día, pero no promueve el autoensalzamiento ni la celebración centrada en uno mismo:
“Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría.”
(Salmo 90:12)
“No a nosotros, oh Jehová, no a nosotros, sino a tu nombre da gloria…”
(Salmo 115:1)
El énfasis no está en el nacimiento físico, sino en el nuevo nacimiento espiritual. Jesús dijo:
“El que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.”
(Juan 3:3)
La nueva criatura en Cristo no vive para sí, sino para aquel que lo salvó.
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11.4 — ¿Significa esto que está prohibido agradecer por la vida?
No. Dar gracias a Dios por un año más de vida es algo bueno, siempre que se haga con humildad, reverencia y sin adoptar costumbres del mundo. El peligro está en la exaltación personal, la vanagloria, la idolatría de la imagen, los excesos y las prácticas con raíces mundanas y espiritualmente contaminadas.
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Conclusión
La celebración de cumpleaños, como la practica el mundo, no tiene respaldo en las Escrituras, y está asociada a ejemplos paganos o condenables. La iglesia del Señor está llamada a vivir de manera diferente, no conformándose a este siglo, sino renovando su entendimiento (Romanos 12:2).
En lugar de exaltar un día específico, el creyente debe vivir cada día como un regalo de Dios, dando gracias con humildad y caminando en santidad. Porque para el hijo de Dios, lo más importante no es el día que nació en la carne, sino el día que nació del Espíritu.
Planificación de Aborto
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La planificación, los métodos anticonceptivos y el aborto
Dios valora la vida y rechaza lo que impide o destruye su propósito
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Vivimos en una generación donde la planificación familiar, los anticonceptivos y el aborto son promovidos como parte de los "derechos humanos" y de la "libertad personal". Pero ¿qué dice la Palabra de Dios? ¿Cómo debemos responder a estos temas como hijos de Dios guiados por el Espíritu Santo?
La Biblia no guarda silencio. Aunque no menciona cada método moderno, el corazón de Dios respecto a la vida, los hijos y la fecundidad es claramente revelado desde el Génesis hasta el Apocalipsis. Este capítulo presenta esa verdad, llamando a una reflexión seria y bíblica sobre estos temas.
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12.1 — Los hijos son herencia de Jehová
> “He aquí, herencia de Jehová son los hijos; cosa de estima el fruto del vientre.”
(Salmo 127:3)
Dios no ve a los hijos como una carga o una interrupción del plan humano, sino como una herencia divina, una bendición que Él da a los hogares. En las Escrituras, la fertilidad era una señal del favor de Dios, y la esterilidad causaba angustia, pues se percibía como una ausencia de bendición.
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12.2 — Métodos que buscan evitar la vida
La mentalidad moderna de "planificar" según conveniencia, economía, carrera profesional o comodidad, contradice el diseño de Dios, quien es soberano sobre la vida. Aunque muchos métodos anticonceptivos no terminan una vida, algunos impiden su inicio e incluso actúan como abortivos encubiertos, alterando el ambiente donde el embrión debería implantarse y crecer.
La Biblia muestra que la vida comienza desde el vientre, incluso desde antes de la concepción:
> “Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué…”
(Jeremías 1:5)
> “Porque tú formaste mis entrañas; tú me hiciste en el vientre de mi madre.”
(Salmo 139:13)
Planificar sin consultar a Dios ni considerar su voluntad es caminar en autosuficiencia, no en dependencia del Creador.
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12.3 — El aborto: una abominación ante Dios
El aborto es la eliminación deliberada de una vida humana en gestación. Aunque el mundo lo legalice, para Dios es asesinato, y Él lo aborrece:
“Los ojos altivos, la lengua mentirosa, las manos derramadoras de sangre inocente…”
(Proverbios 6:17)
No hay sangre más inocente que la del niño por nacer. Quien aprueba o practica el aborto, se opone directamente al Dios de la vida.
En la historia bíblica, las culturas paganas que sacrificaban a sus hijos a dioses falsos fueron severamente juzgadas por Dios (ver Levítico 18:21; 2 Reyes 17:17). Hoy en día, el aborto moderno es un sacrificio al dios del ego, la conveniencia y el pecado.
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12.4 — La confianza en la soberanía de Dios
Dios es quien da la vida y la quita. Los verdaderos creyentes confían en su provisión, en su sabiduría y en su tiempo. Si Él permite un embarazo, es porque Él tiene un plan.
“No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo...”
(Isaías 41:10)
Dios no abandona a aquellos que deciden obedecerlo y recibir la vida que Él da, aunque haya temores o limitaciones humanas. Los hijos que nacen bajo la voluntad de Dios también vienen con su provisión y su propósito eterno.
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Conclusión
Ni la planificación humana, ni los métodos anticonceptivos que desafían la soberanía divina, ni el aborto tienen fundamento en la sana doctrina. Dios ama la vida, forma al ser humano desde el vientre y considera los hijos una herencia. Toda enseñanza o práctica que rechace o destruya esa vida, no proviene del Espíritu de Dios.
Como Iglesia, debemos volver al principio, honrar la vida, y vivir por fe, no por conveniencia. Los hogares cristianos deben ser guiados por la Palabra y por el Espíritu, no por las corrientes del mundo.
Varón y Hembra los Creo
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Varón y hembra los creó
El diseño original de Dios y la verdad sobre la homosexualidad
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Introducción
La confusión en cuanto a la identidad sexual y la familia es una señal clara de los tiempos postreros. Pero la Palabra de Dios permanece firme y eterna. Desde el principio, el Señor dejó establecido su diseño: un hombre y una mujer, unidos en matrimonio para formar una sola carne.
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17.1 — El diseño original: varón y hembra
> “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.”
(Génesis 1:27)
Dios no creó varios géneros ni dio lugar a la confusión. Él creó solo dos sexos: varón y hembra. Y fue Dios quien instituyó el matrimonio, no el hombre:
> “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.”
(Génesis 2:24)
No dijo “Adán y Esteban”, sino Adán y Eva. Cualquier unión fuera de este diseño no tiene respaldo divino.
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17.2 — La homosexualidad en la Biblia
La práctica homosexual es condenada en toda la Escritura. No es una identidad, es un pecado, y como todo pecado, puede ser perdonado si hay arrepentimiento genuino.
> “No te echarás con varón como con mujer; es abominación.”
(Levítico 18:22)
Dios no odia a las personas, pero aborrece el pecado. El pecado de la homosexualidad es llamado claramente: abominación. No puede ser normalizado ni aceptado por la Iglesia de Cristo.
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17.3 — El Nuevo Testamento confirma esta verdad
> “Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza... y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros...”
(Romanos 1:26-27)
El apóstol Pablo describe cómo, al rechazar a Dios, las personas caen en prácticas contrarias a la naturaleza y al orden divino. Esto no es evolución, es rebeldía contra el Creador.
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17.4 — Los que no heredarán el Reino de Dios
> “¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras... ni los afeminados, ni los que se echan con varones...”
(1 Corintios 6:9-10)
La gracia de Dios transforma. Y aunque algunos practicaban esto en el pasado, la sangre de Cristo tiene poder para lavar, limpiar y dar nueva vida:
> “Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados...”
(1 Corintios 6:11)
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17.5 — La familia bíblica no puede ser reemplazada
Dios diseñó al varón para liderar, proteger y proveer. Y a la mujer para ser ayuda idónea, madre y formadora de generaciones. El enemigo busca destruir la familia porque sabe que la familia es la base del Reino de Dios en la tierra.
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Conclusión
La sana doctrina no cambia con la cultura ni se acomoda al mundo. Lo que Dios estableció desde el principio sigue vigente hoy. La Iglesia del Señor debe enseñar con amor, pero también con firmeza: la homosexualidad es pecado, pero hay perdón y libertad en Cristo Jesús.
> “Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.”
(Juan 8:32)
Los Borrachos NO Heredan el Reino de Dios
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Los borrachos no heredarán el Reino de Dios
Un llamado al arrepentimiento y a la santidad
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En una sociedad donde el alcohol se ha normalizado, incluso dentro de círculos religiosos, es necesario volver a lo que dice la Palabra de Dios. Las Escrituras son claras: el borracho no heredará el Reino de los Cielos. No se trata de una opinión o de una tradición humana, sino de un principio eterno de justicia y santidad.
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14.1 — La advertencia de la Palabra
El apóstol Pablo escribe con firmeza:
“¿No sabéis que los injustos no heredarán el Reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros... ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el Reino de Dios.”
(1 Corintios 6:9-10)
Dios no está jugando con el pecado. Él es Santo, y todo el que quiera entrar en su Reino debe apartarse de todo lo que contamina el cuerpo y el alma.
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14.2 — El engaño del mundo: “Tomar no es malo”
Muchos creen que un poco de licor no tiene nada de malo, pero la Palabra advierte:
“El vino es escarnecedor, la sidra alborotadora, y cualquiera que por ellos yerra no es sabio.”
(Proverbios 20:1)
El problema no es solo el exceso, sino el engaño que produce el vino, su capacidad de influenciar el juicio y el carácter. Lo que comienza como “social” termina muchas veces en esclavitud y destrucción.
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14.3 — No se puede heredar el Reino viviendo en borracheras
Pablo escribe también:
“Y manifiestas son las obras de la carne, que son... borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto... que los que practican tales cosas no heredarán el Reino de Dios.”
(Gálatas 5:19-21)
La vida cristiana es una vida de dominio propio, no de licencias carnales. El borracho no solo se destruye a sí mismo, sino que ofende a Dios y deshonra el templo del Espíritu Santo.
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14.4 — ¿Y el vino en la Biblia?
Muchos justifican el consumo porque Jesús convirtió el agua en vino (Juan 2). Pero ese milagro no fue para promover la embriaguez, sino para mostrar su gloria. En ningún lugar de los evangelios vemos a Jesús emborrachándose ni enseñando a hacerlo.
Pablo también aconseja a Timoteo:
“Ya no bebas agua, sino usa de un poco de vino por causa de tu estómago y de tus frecuentes enfermedades.”
(1 Timoteo 5:23)
Aquí no se habla de borrachera, sino de uso medicinal, en un tiempo donde el agua era muchas veces impura.
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14.5 — Una vida llena del Espíritu, no del licor
“No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien, sed llenos del Espíritu.”
(Efesios 5:18)
Dios no quiere que seas controlado por el alcohol, sino gobernado por su Espíritu. El creyente lleno del Espíritu Santo no busca consuelo en la botella, sino en la presencia del Dios vivo.
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Conclusión
La borrachera no es compatible con la santidad. Quien vive esclavo del alcohol está lejos de heredar el Reino de los cielos. Pero la buena noticia es que hay poder en la sangre de Cristo para liberar, perdonar y restaurar.
“Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.”
(1 Corintios 6:11)
¡Hay esperanza para el borracho que se arrepiente! ¡Hay nueva vida para el que se aparta y se rinde a Cristo!
El Vestir del Hombre Cristiano
📖 El vestir del hombre cristiano
Así como la Biblia enseña principios claros sobre el vestir de la mujer cristiana, también ofrece dirección sobre cómo debe presentarse el varón que honra a Dios. El vestir no es un tema superficial cuando se considera que somos templo del Espíritu Santo y representantes del Reino de los cielos. El hombre cristiano está llamado a reflejar sobriedad, dignidad y santidad, tanto en su conducta como en su apariencia.
Desde el principio, Dios vistió al ser humano con decencia. En Génesis 3:21 dice:
Y Jehová Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió.
Esto indica que Dios mismo estableció un patrón de recato y cobertura. Aunque no se detalla el diseño, sí sabemos que su propósito era cubrir la desnudez, lo cual implica un estándar de pudor.
En el Nuevo Testamento, aunque muchas instrucciones sobre el vestuario están dirigidas a la mujer (por ser más propensa a influencias externas de moda y apariencia), el principio de modestia y sobriedad aplica igualmente al varón. En 1 Timoteo 2:8-10, el apóstol Pablo exhorta a los hombres a levantar manos limpias, sin ira ni contienda, y luego habla del vestido decoroso, lo cual abarca a toda la congregación.
El varón cristiano debe evitar vestirse con ropa que:
Muestre sensualidad o vanidad (ropa ceñida, escotes, transparencias)
Sea afeminada o contraria a su identidad masculina (Deuteronomio 22:5)
Exprese rebeldía o desorden (estilos mundanos, mensajes obscenos o anticristianos)
El vestir también comunica valores: la limpieza, el orden, el respeto y la humildad deben reflejarse en la forma en que el hombre se presenta. La ropa sucia, desaliñada o provocativa no honra a Cristo.
Jesús, aunque no se enfoca en el vestir externo, sí advierte sobre los fariseos que usaban vestiduras largas y amaban los primeros asientos (Mateo 23:5-7). Esto nos enseña que no debemos vestir para impresionar o buscar la gloria de los hombres, sino para agradar a Dios.
Conclusión
El hombre cristiano no se rige por las tendencias del mundo, sino por los principios del Reino. Su vestuario debe ser reflejo de su corazón limpio, su espíritu sobrio y su identidad como hijo de Dios. Vestirse con dignidad, sin ostentación ni sensualidad, es parte del testimonio que damos ante el mundo. Así, el creyente glorifica a Dios incluso en su forma de vestir, cumpliendo lo que dice 1 Corintios 10:31:
Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios.
El Vestir de la Mujer Cristiana
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El vestuario en la mujer según la sana doctrina
Una Iglesia distinta al mundo, vestida con santidad
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El vestuario de la mujer cristiana no es un tema superficial ni secundario. La Palabra de Dios nos enseña que la Iglesia de Jesucristo es santa, sin mancha y apartada del mundo. Esto incluye no solo el corazón, sino también el cuerpo. El vestuario refleja lo que hay dentro del corazón. Cuando una mujer teme a Dios y busca honrarlo, su forma de vestir también lo glorifica.
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16.1 — Una Iglesia diferente al mundo
El apóstol Pablo escribió:
“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento...”
(Romanos 12:2)
La mujer cristiana no puede vestirse como el mundo. Las modas del mundo promueven sensualidad, orgullo y vanidad. Pero el vestido de la mujer piadosa debe reflejar modestia, humildad y reverencia a Dios.
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16.2 — Vestido decoroso, con pudor y modestia
“Asimismo que las mujeres se atavíen de ropa decorosa, con pudor y modestia; no con peinado ostentoso, ni oro, ni perlas, ni vestidos costosos.”
(1 Timoteo 2:9)
Aquí vemos tres principios fundamentales:
Decoroso: que sea respetuoso, digno, bien presentado.
Con pudor: que cubra el cuerpo adecuadamente, sin provocar.
Con modestia: sin exageraciones, sin vanidad, sin ostentación.
Dios no prohíbe la belleza, pero sí advierte contra la vanidad, la sensualidad y el enfoque desmedido en lo exterior.
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16.3 — Un corazón que agrada a Dios
“Vuestro atavío no sea el externo... sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios.”
(1 Pedro 3:3-4)
Aunque lo exterior debe estar en orden, lo más importante para Dios es el corazón, un espíritu humilde, limpio y sumiso a Su voluntad. Pero ese corazón se refleja también en lo exterior.
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16.4 — Santidad también en la apariencia
“Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.”
(Hebreos 12:14)
La santidad se manifiesta en todo: hablar, actuar y vestir. El cuerpo de la mujer cristiana es templo del Espíritu Santo y debe ser tratado con respeto, no como un objeto de atracción.
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16.5 — El llamado a reflejar a Cristo
La mujer que ha sido lavada por la sangre de Cristo y que ha sido sellada por el Espíritu Santo, no puede vestirse como antes. Ahora es embajadora del Reino de los cielos. Debe reflejar en su vestir la dignidad de una hija de Dios, con ropas limpias, largas, sobrias y discretas.
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Conclusión
El vestuario en la mujer cristiana no es legalismo, es obediencia a la Palabra de Dios. No se trata de normas humanas, sino de mostrar con nuestro cuerpo que Cristo vive en nosotros. La verdadera iglesia se viste con vestiduras blancas, puras, modestas y limpias.
“Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado.
Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente...”
(Apocalipsis 19:7-8)
La Navidad
📖 LA NAVIDAD: ¿DOCTRINA BÍBLICA O TRADICIÓN PAGANA?
1. La Iglesia Primitiva y el silencio de las Escrituras Respecto a este tema.
La Biblia no registra en ningún tiempo que la iglesia apostólica celebrara el nacimiento de Cristo como una fiesta institucional.
Lo que sí aparece con claridad es que la iglesia celebraba la muerte y resurrección del Señor:
“Haced esto en memoria de Mí”
(1 Corintios 11:24–26)
Jesús no ordenó celebrar Su nacimiento.
Los apóstoles tampoco lo hicieron.
Las cartas del Nuevo Testamento, los viajes misioneros, las enseñanzas pastorales y las epístolas universales no hacen mención a una fiesta anual del nacimiento de Cristo.
Para la Iglesia del primer siglo, lo central era:
La proclamación del Evangelio
La resurrección como victoria eterna
La apostasía como peligro
La venida gloriosa del Señor
La Navidad como fiesta cristiana no aparece en Hechos, ni en los Evangelios, ni en las epístolas paulinas ni pastorales, ni en los padres apostólicos del siglo I.
2. Aparición histórica posterior
Los primeros registros de una celebración del nacimiento de Cristo aparecen siglos después:
Siglo Evento aproximado
II - III Algunos autores empiezan a especular fechas del nacimiento
336 d.C. Primer registro de una celebración el 25 de diciembre en Roma
IV d.C. Se adopta oficialmente dentro del cristianismo occidental
Esto muestra que la celebración de la Navidad es una práctica post-apostólica, incorporada cuando la iglesia comenzó a mezclarse con la cultura romana.
3. ❗ El vínculo con antiguas celebraciones paganas
Antes de que el cristianismo adoptara esa fecha, el 25 de diciembre ya era considerado un día especial en diversas culturas.
Entre las más mencionadas en la historia religiosa:
Adoración al Sol Invictus en Roma
Nacimiento de Mitra, dios persa del sol
Fiestas de invierno relacionadas con la fertilidad y el renacer
Tammuz y Semiramis — tradición mesopotámica
Según la tradición:
Semiramis, madre-esposa del rey Ninród, habría proclamado que tras la muerte de Ninrod, él reencarnó en su hijo Tammuz, quien representaría el dios sol.
Su nacimiento —según algunas versiones— se conmemoraba cerca del solsticio de invierno, alrededor del 24-25 de diciembre.
Aunque las fuentes históricas son mixtas y complejas, lo indiscutible es que ya existían celebraciones religiosas del sol, deidades y fertilidad en esa fecha antes del cristianismo.
Por lo tanto, la adopción del 25 de diciembre no nace del Nuevo Testamento, sino del intento de absorber festividades paganas para darles un “significado cristiano”.
4. La pregunta bíblica no es si se puede celebrar La navidad, sino. Es un mandamiento dado por Dios en la biblia?
O es una tradición pagana:
Mandamientos de hombres y no de Dios?
(Mateo:7:21)
No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.
La Biblia no menciona que debamos recordar el nacimiento de Cristo.
Pero si condena siguir la traición, mandamientos de ombres:
Mezclar adoración a Dios con prácticas paganas
(Deuteronomio 12:29-32)
Guardar cosas sin ser una orden espiritual de obediencia a Dios
(Gálatas 4:10-11)
Es pecado Santificar tradiciones humanas como doctrina
(Marcos 7:7-9)
Pues en vano me honran, Enseñando como doctrinas mandamientos de hombres. Porque dejando el mandamiento de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres: los lavamientos de los jarros y de los vasos de beber; y hacéis otras muchas cosas semejantes. Les decía también: Bien invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición.
(Marcos 7:7-9)
5. Conclusión
La Navidad no fue una práctica apostólica, ni una doctrina establecida por Jesucristo, ni parte del culto de la iglesia primitiva.
Su celebración surge siglos después, influenciada por festividades religiosas paganas ajenas al Evangelio puro.
Efesios 2:20
edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo,
